¿Cómo influyen en la educación los medios de comunicación?
Para los ciudadanos del S. XXI, hombres y mujeres que viven inmersos en la sociedad del bienestar, la tarea fundamental es saber vivir en contemporaneidad. A pesar de lo desvalorizada que está la función docente y de las dificultades que comprende educar en valores, no podemos dejar de destacar la labor que realiza el gremio de profesores que cree en su tarea utilizando todos los recursos disponibles para fomentar dicha labor, pues no somos un colectivo pasivo, sino más bien un colectivo comprometido en el que se incluye también a aquellos a los que les resulta difícil adaptarse a “los nuevos tiempos”.
Es, pues, un deber adaptarse a los nuevos medios de comunicación y descubrir cómo influyen en la tarea educativa, que no queda restringida al ámbito escolar, sino que se inicia desde y en el ambiente familiar. Nos situamos, claro está, ante la realidad de una sociedad de consumo, producto de la ideología neoliberal que aglutina bajo el concepto de globalización, formas de vida consumista, tan propias de la sociedad del bienestar.
Así, pues, la educación en la escuela debe hacerse responsable de orientar en valores y de desarrollar la capacidad crítica para diferenciar entre el escaparate estético y los valores que se desarrollan en el mercado. Éste está gobernado por una ideología que homogeniza a los individuos a través de los mass media y que les incita a un consumo vertiginoso, creyendo alcanzar todo lo que el entramado de la imagen, el sonido, etc., consigue vender a través de una llamada peligrosa a la afectividad. El consumidor asocia estos productos con “valores” supuestamente positivos (prestigio, dinero, éxito,). Al no conseguirlo se frustran y lo vuelven a consumir en un interminable círculo vicioso.
Habiéndonos posicionado en la realidad de hoy, y centrándonos en la tarea de educar, lo primero que hemos de hacer es alfabetizarnos en los Medios de Comunicación, en el cine, la televisión, los videojuegos, etc., lo segundo familiarizarnos en el diálogo con los mismos; lo tercero conocer y aplicar sus estrategias para fomentar la atención, la motivación, la creatividad en el proceso de enseñanza aprendizaje, en y fuera del aula; y, por último, preparar en valores para hacer responsables a los individuos del vertiginoso mundo mediático en el que desarrollan su día a día.
A nadie se le escapa la necesidad de convivir con el tiempo presente. Tal como lo expresa Quiroz, “Estamos inmersos en una cultura audiovisual que obliga a las instituciones educativas a reflexionar sobre la validez actual de sus concepciones didácticas y sobre la funcionalidad de sus proyectos”. Así, pues, es importante incentivar la educación en medios como una parte más del currículum.
Pero, ¿qué entendemos por educación en medios? Se trata de una disposición que no sólo nos invita sino que, además, nos obliga a detenernos para analizar los medios de comunicación, así como nos exige que seamos igualmente emisores que receptores y, así mismo, nos ilustra para que no seamos presa fácil de la más idiotizante manipulación mediática; en definitiva nos permite ser críticos y desarrollar la criticidad como sinónimo de tener y mantener criterios ante los medios.
¿Cómo influyen los medios de comunicación en la educación? Se puede abrir el debate en torno a determinados medios de comunicación como son la publicidad, el cine, el cine Forum y la videoconferencia. Nos detendremos a analizar los dos primeros, dado lo extenso del tema.
En primer lugar nos situamos en el debate con la publicidad, porque tal vez la publicidad no sea un medio propiamente dicho por su cariz cercano a lo comercial. Y, en segundo lugar, porque posee unas posibilidades para la educación interesantísimas, incluso se podría hablar de edupublicidad.
La publicidad es un medio impreso con una vertiente audiovisual. Ha penetrado en nuestra cotidianeidad de diferentes maneras y de un modo persistente. Se ofrece a través de un leguaje seductor que provoca la necesidad de satisfacción, la búsqueda del consumo. Consigue infiltrarse en nuestras vidas de forma transversal a través de diversos medios (prensa, radio, internet…), y en diferentes formatos. También se presenta de forma subliminal. Así, pues, en nuestra sociedad desempeña un papel de suma relevancia. Hablar de publicidad es hablar de una colonización impresa, audiovisual o multimedia. De ahí que no exista otra manera de defenderse que la educación en medios (en edupublicidad), por lo que hay que hacer especial hincapié en la importancia de una educación renovada. Es igualmente importante ser conscientes de esta cultura del espectáculo donde los alumnos son indiscutibles actores. Una propuesta de educar para la publicidad se puede centrar en tres apartados: a) la caducidad de los mensajes postmodernos; b) lo atractivo de los discursos y c) la cultura del espectáculo.
A. La caducidad del propio mensaje publicitario, a partir de su propia vertiginosidad de producción y evanescencia en el consumo…, son aspectos que penetran y dejan huella en el alumnado. Independientemente de la calidad del producto mostrado, la publicidad procura desenvolver mecanismos para cautivar la atención del alumnado. Por ello, desde la educación se debería pretender, a todas luces, centrar la atención del alumnado que no puede dejar de pensar en clave contemporánea. Así, pues, una vez el educador centra la atención, su propósito ha de ser mantenerla con discursos sugerentes donde la presentación estética y los aspectos formales también son prioritarios en el acto didáctico, de la misma manera que lo son los contenidos.
B. El segundo ítems, lo atractivo de los discursos, cabría interpretarlo en el plano educativo como aquella necesidad emergente por seducir. El profesorado ha de tener presente la voluntad por hacer que sus mensajes, como los de la publicidad, sean atractivos, que motiven e incentiven en los dicentes la necesidad de aprender, de construir el conocimiento.
C. El último de los apartados es el que hace referencia a la cultura del espectáculo (Ferrés), del vouyerismo o del ecouterismo. En este contexto es imprescindible conocer el lenguaje y el discurso de la publicidad por dos razones, la primera sería para poderla decodificar y disfrutar, y la segunda, para poder expresarse en sus mismos ordenes.
Así, pues, el educador debe atender a toda la parte “inteligente” que la publicidad tiene e integrarla en el aula, como un modo de proceder en el acto didáctico, así como un recurso para el apoyo en la explicación de los contenidos. Abogamos por adaptar a nuestros intereses las consignas de la publicidad. De esta forma, realizamos un alegato a la convivencia y al consumo inteligente. En esto consiste la edupublicidad.
Vamos a hacer, también, mención de los medios audiovisuales, educar con y en imagen en movimiento.
Los medios audiovisuales son bastantes y poseen una preferencia importante en la cotidianeidad social y escolar. Podemos reflexionar sobre la televisión, el video, los videojuegos, (el DVD lo entendemos desde la interactividad). Pero vamos a optar por una pedagogía del cine, porque es una herramienta con sumas posibilidades de “educar en y educar con”.Así, con la propuesta del cine se incentiva la mirada sobre escenarios educativos (las pantallas) y se impulsa el aula sin muros (McLuhan y Carpenter) y se crece en las responsabilidades (competencias) educomunicativas, sin olvidar que el cine posee una función innovadora y de comunicación unidireccional (hacia la pantalla), bidireccional (con el profesorado) y multidireccional (entre el alumnado).
A todas luces el cine es un medio para la educación de suma importancia, con una función de inducción, persuasión y de divertimento a tener en cuenta. Desde hace décadas se ha contemplado como una herramienta didáctica, pero el cine que educa es aquel que nos conmueve. Habría, pues, que diferenciar entre educar con y en cine. Educar con cine sería saber utilizarlo como apoyo en clase o auxiliar didáctico. Educar en cine sería, sin embargo, enseñar a mirarlo con unos ojos más críticos para construir espectadores y espectadoras responsables frente a la ficción y la realidad; además capaces de detectar los intereses que se ocultan en la industria (educativa, cultural, económica, etc.). Hemos de tener presente que el alumnado se encuentra “desprotegido” ante los envites de los iconos en movimiento.
El actual sistema educativo español contempla la formación en medios e invita a la formación del espectador. El acercamiento y estudio del fenómeno cinematográfico se lleva a cabo de manera interdisciplinar y con una multiplicidad de enfoque que beneficia, a todas luces, el resultado en el alumnado y la idoneidad del currículo. Es una bisagra para el estudio de las diferentes áreas de conocimiento, que con el ambiente adecuado y una utilización idónea va a nutrir nuestra mirada, influyendo cuantitativa y cualitativamente en nuestras vidas. Es una herramienta ideal para conocer otras personas, lugares…Unos noventa minutos con las ventanas abiertas (del aula) constituyendo mentalidades sinceras. Pero también hemos de mirarlo como un mero divertimento y observarlo como un mecanismo imprescindible para generar opinión sobre la sociedad y demás aspectos de la vida misma. Es imprescindible una “pequeña” cinemateca en el aula.
Además, el cine se puede producir y compartir con los demás, con lo cual ya no somos meros receptores. Con el cine se puede enseñar casi de todo, pero hay que creer en esta pedagogía del cine.
Por último, tener presente que el cine es un fenómeno artístico, comunicativo… e industrial, que obedece, entre otros aspectos, a los planteamientos generales de la comunicación de masas, pero en el aula se debe enfocar con otras perspectivas a como se hace desde la comunicación de masas.
En la revista “Aula de Innovación Educativa” vienen recogidas experiencias diversas sobre educación y medios de comunicación. Uno de los artículos recoge la experiencia de un profesor de Barcelona en el intento de introducir los videojuegos en el aula. En sus reflexiones sobre los objetivos alcanzados manifiesta la dificultad que tienen las instituciones educativas por no estar preparadas en infraestructuras ni en medios cara a un mundo en constante desarrollo y actualización; en relación al claustro de profesores veía la falta de interés por parte de sus compañeros hacia las posibilidades que este mundo puede aportar para el aprendizaje educativo. Respecto a los padres, a pesar de que sus objetivos fueron muy sencillos, no los pudo concluir. Sin embargo, con los alumnos obtuvo resultados y reflexiones interesante, motivadores para educar en el uso y consumos de estos medios que parecen tenerlos cautivados, pero, sin embargo, que ellos controlan.
Experiencias de este tipo existen muchas, lo importante es lo que “queramos” aprender para facilitar la integración de los diversos recursos de los Medios de Comunicación en el aula. No obstante, optar por la educación en, con y ante dichos medios (Natalia Bernabeu Morón) se ha de llevar a cabo descubriendo reflexivamente las consecuencias positivas y negativas que estos tienen.
Mi pregunta es sencilla. ¿Es el hombre de hoy consciente de lo que se trae entre manos? Me remito a un pensador que siempre me ha gustado, Heidegger, para situarnos en la cuestión que hay de fondo relativa al tema de la educación y los medios de comunicación: ¿Qué pasa si se pretende que la tecnología no es un medio, sino un fin en sí misma?
Me permito una breve reflexión: el ser humano desde que nace cuenta con recursos naturales que puede utilizar para fomentar el encuentro y la comunicación con otros hombres y mujeres: los gestos, la danza, la expresión oral,… No puede, por tanto, olvidar la necesidad de respetarse en quien es, un ser de carne y hueso, que necesita de tiempos de silencios para fomentar la creatividad, el ingenio. No obstante, sería ridículo entender estas palabras como un menosprecio hacia los medios de comunicación. Sólo es una llamada de atención para no olvidar quiénes somos y cómo hemos de hacer uso de lo extraordinario de la tecnología.
¡Ah!, agrego las palabras de una tía mía que ha leído el escrito: “Todo avance está bien, pero que no se vuelva la mente vaga y que no sean los dedos los que dirijan tu mente”.
Referencias:
- VICTOR AMAR. “La Influencia de los Medios de Comunicación en la Educación. (www.cepcadiz.com 10-05-2007)
- J. SANMARTIN. Tecnología y futuro humano. (Anthropos, 1990)
- AULA DE INNOVACION EDUCATIVA, nº 147, (Editorial Grao, 2005)
Para los ciudadanos del S. XXI, hombres y mujeres que viven inmersos en la sociedad del bienestar, la tarea fundamental es saber vivir en contemporaneidad. A pesar de lo desvalorizada que está la función docente y de las dificultades que comprende educar en valores, no podemos dejar de destacar la labor que realiza el gremio de profesores que cree en su tarea utilizando todos los recursos disponibles para fomentar dicha labor, pues no somos un colectivo pasivo, sino más bien un colectivo comprometido en el que se incluye también a aquellos a los que les resulta difícil adaptarse a “los nuevos tiempos”.
Es, pues, un deber adaptarse a los nuevos medios de comunicación y descubrir cómo influyen en la tarea educativa, que no queda restringida al ámbito escolar, sino que se inicia desde y en el ambiente familiar. Nos situamos, claro está, ante la realidad de una sociedad de consumo, producto de la ideología neoliberal que aglutina bajo el concepto de globalización, formas de vida consumista, tan propias de la sociedad del bienestar.
Así, pues, la educación en la escuela debe hacerse responsable de orientar en valores y de desarrollar la capacidad crítica para diferenciar entre el escaparate estético y los valores que se desarrollan en el mercado. Éste está gobernado por una ideología que homogeniza a los individuos a través de los mass media y que les incita a un consumo vertiginoso, creyendo alcanzar todo lo que el entramado de la imagen, el sonido, etc., consigue vender a través de una llamada peligrosa a la afectividad. El consumidor asocia estos productos con “valores” supuestamente positivos (prestigio, dinero, éxito,). Al no conseguirlo se frustran y lo vuelven a consumir en un interminable círculo vicioso.
Habiéndonos posicionado en la realidad de hoy, y centrándonos en la tarea de educar, lo primero que hemos de hacer es alfabetizarnos en los Medios de Comunicación, en el cine, la televisión, los videojuegos, etc., lo segundo familiarizarnos en el diálogo con los mismos; lo tercero conocer y aplicar sus estrategias para fomentar la atención, la motivación, la creatividad en el proceso de enseñanza aprendizaje, en y fuera del aula; y, por último, preparar en valores para hacer responsables a los individuos del vertiginoso mundo mediático en el que desarrollan su día a día.
En la revista “Aula de Innovación Educativa” vienen recogidas experiencias diversas sobre educación y medios de comunicación. Uno de los artículos recoge la experiencia de un profesor de Barcelona en el intento de introducir los videojuegos en el aula. En sus reflexiones sobre los objetivos alcanzados manifiesta la dificultad que tienen las instituciones educativas por no estar preparadas en infraestructuras ni en medios cara a un mundo en constante desarrollo y actualización; en relación al claustro de profesores veía la falta de interés por parte de sus compañeros hacia las posibilidades que este mundo puede aportar para el aprendizaje educativo. Respecto a los padres, a pesar de que sus objetivos fueron muy sencillos, no los pudo concluir. Sin embargo, con los alumnos obtuvo resultados y reflexiones interesante, motivadores para educar en el uso y consumos de estos medios que parecen tenerlos cautivados, pero, sin embargo, que ellos controlan.
Experiencias de este tipo existen muchas, lo importante es lo que “queramos” aprender para facilitar la integración de los diversos recursos de los Medios de Comunicación en el aula. No obstante, optar por la educación en, con y ante dichos medios (Natalia Bernabeu Morón) se ha de llevar a cabo descubriendo reflexivamente las consecuencias positivas y negativas que estos tienen.
Mi pregunta es sencilla. ¿Es el hombre de hoy consciente de lo que se trae entre manos? Me remito a un pensador que siempre me ha gustado, Heidegger, para situarnos en la cuestión que hay de fondo relativa al tema de la educación y los medios de comunicación: ¿Qué pasa si se pretende que la tecnología no es un medio, sino un fin en sí misma? Es decir, si se pretende que el desarrollo tecnológico –de por sí- es uno de los fines últimos de la sociedades modernas.
Me permito una breve reflexión: el ser humano desde que nace cuenta con recursos naturales que puede utilizar para fomentar el encuentro y la comunicación con otros hombres y mujeres: los gestos, la danza, la expresión oral,… No puede, por tanto, olvidar la necesidad de respetarse en quien es, un ser de carne y hueso, que necesita de tiempos de silencios para fomentar la creatividad, el ingenio. No obstante, sería ridículo entender estas palabras como un menosprecio hacia los medios de comunicación. Sólo es una llamada de atención para no olvidar quiénes somos y cómo hemos de hacer uso de lo extraordinario de la tecnología.
¡Ah!, agrego las palabras de una tía mía que ha leído el escrito: “Todo avance está bien, pero que no se vuelva la mente vaga y que no sean los dedos los que dirijan tu mente”.
Referencias:
- VICTOR AMAR. “La Influencia de los Medios de Comunicación en la Educación. (www.cepcadiz.com 10-05-2007)
- J. SANMARTIN. Tecnología y futuro humano. (Anthropos, 1990)
- AULA DE INNOVACION EDUCATIVA, nº 147, (Editorial Grao, 2005)