Sobrevivir en una ciudad de la tercera edad
Mucho tiempo ha pasado desde que me asomaba a ésta página para vertir mis opiniones sobre lo que veía y vivía en ésta santa ciudad de infausto recuerdo. La apatía y, sobre todo, el hecho de que haya emigrado como tantos otros de éstas tierras se han conjugado para que me olvide de todo lo que aborrezco de éste lugar.
Todo el mundo tiene la bucólica imagen de que ésta ciudad es preciosa, con una calidad de vida inmejorable y todas esas cosas que el marketing se ha ocupado de promocionar, por lo visto, con bastante éxito. Pero cuando dices que no hay trabajo digno, el irse de casa es una utopía, la vida social y cultural vive a medio camino entre lo patético y lo inexistente,... cuando les haces ver que las cosas buenas que puede llegar a tener se pagan excesivamente caras es entonces cuando empiezan a mirar éste Imsertander con otros ojos.
Seamos realistas, ésta ciudad, por mucho que se intente, está muerta, difunta y en proceso de descomposición. Si necesitas usar el transporte público no puedes evitar hacer comparaciones con abonos de transporte mensuales que cuestan la cuarta parte que aqui el bono bus. Si deseas hacer una actividad especial tienes que doblegarte a la opción que te da, si la tiene, el Palacio de Festivales. Si quieres intentar divertirte, ya puedes buscarte la vida en otra parte, porque lo que es aquí todo está más que manido.
En conclusión, huyamos de aquí y dejemos que el polvo cubra las ruinas de una ciudad que siempre quiso ser y nunca pudo ser.

Ayer, día 22 de septiembre se celebró el "Día sin coche" en ésta santa ciudad de Imsertander. Una loable propuesta que pretende que los ciudadanos nos olvidemos de nuestros vehículos y empleemos el transporte público. Para ello, ése día, los autobuses urbanos son gratuitos. Y ése mismo día nos dan la noticia de que suben el precio de los abonos del autobús (bien la tarjeta monedero, bien el bono bus), ante la cual uno puede sacar la conclusión de que la gratuidad del autobús en el "Día sin coche" se paga con la subida del abono de transporte.
¿No se supone que lo que intentan es aumentar el uso del autobús?
Leo en "Delirio montañés" (sí, la hoja parroquial con fotos) una hilarante carta de un caballerete que deja constancia de su desagrado ante el top less que puede verse en las playas. Comparando esto con el perseguido hábito del fumar, propone que se distingan zonas en las que se pueda hacer top less lejos de los inocentes ojos de las criaturas que pululan por las playas. Éste buen señor, tan preocupado por la incitación a la voluptuosidad que supone la desinhibida exhibición por parte de algunas damas, no debe ser consciente que el pecado está en el ojo del que mira, por lo que difícilmente se solivianten los ánimos de las ingenuas criaturas que van a las playas. Tal vez, escudándose en la moralina y poniendo por delante a los más pequeños, sea él quien tiene el problema, soliviantándose ante la visión de los cuerpos de la gente en top less.
A veces, esperando el autobús, uno se pregunta por qué en los paneles de información pone "en pruebas" si llevan tres años en funcionamiento. ¿Será para disimular cuando en el listado no aparece el bus que necesitas? ¿Será por la sorpresa que produce la llegada de un autobús anunciado para dentro de 57 minutos? Creo que, más bien, se trata de un entretenimiento para los usuarios de autobuses, sobre todo cuando llevas esperando 30 minutos un autobús cuya frecuencia de paso estimada es de 11 minutos.
No se puede negar que el servicio a mejorado, sobre todo con la retirada de aquellas cafeteras ambulantes, pero todavía quedan zonas olvidadas y con frecuencias que parecen ideadas por algún oligofrénico.
¿Soy el único que hace un esfuerzo por escribir?
No sé ni para qué pregunto, conociendo como conozco Imsertander.
Si Imsertander es una ciudad eminentemente terciaria, si lo que predomina es el sector servicios ¿por qué la gente no sabe trabajar cara al público?
Es raro el establecimiento en el que saben atender al cliente como es debido. Los ejemplos son múltiples. Sin ir más lejos, en el Cortijo es posible realizar cualquier compra sin hablar absolutamente con nadie. Si encuentras lo que buscas puedes cogerlo, pagarlo y marchar sin mediar palabra. Ahora bien, si no encuentras lo que buscas te encuentras con dos problemas:
- No sabes dónde está lo que quieres
- No encuentras a nadie que te pueda indicar
Generalmente, los dependientes del Cortijo se suelen esconder tras una isleta o fingen estar muy atareados colocando mercancía (da lo mismo la hora o el día que vayas, ellos siempre están colocando cosas) Cuando localizas al dependiente de turno y le preguntas por lo que estás buscando también pueden pasar dos cosas:
- Que no sepa de lo que le hablas
- Que no tenga ni idea de dónde está lo que pides
En el primer caso existe la frase comodín "Es que éste no es mi departamento", lo que te hace pensar que en el Cortijo los trabajadores son solidarios y hacen el trabajo de las -ausentes- personas de la sección que no les corresponde. En el segundo supuesto también está la respuesta estándar "En esas baldas de ahí" seguido de un vago gesto que abarca el infinito, momento que aprovechan para desaparecer de tu presencia.
En el extraño caso de que encuentres lo que buscas (una odisea) y tienes un dependiente a mano (lo que vienes a ser como la cuadratura del círculo), si preguntas a éste sobre alguna característica del producto en cuestión te das cuenta de que el dependiente tiene menos idea que tu. Por lo visto es muy complicado distinguir un iPod Nano de dos gigas del de cuatro gigas: hay que leer la caja. Un CD-R no es lo mismo que un CD-RW. La edición especial de determinado disco no es la que contiene un solo CD. Y suma y sigue.
Con ésto no quiero decir que la atención en el Cortijo sea mala: es que siempre que me han atendido -pura coincidencia- ha sido nula.

Otro año mas (y van...) he asistido a la Feria del Libro de Imsertander. Después de tanto tiempo he aprendido a resignarme a no encontrar nada interesante, a que todos los puesto sean clónicos, a que los dependientes te traten con esa displicencia tan típica de nuestra ciudad (esa que hace que cuando vas a otro lugar y te atienden en cualquier tienda te hace sentir extraño) cuando no te ignoran directamente, metiendo sus narices en el libro que estén leyendo o en el Marca. No preguntes, parece la consigna, mensaje implícito en su actitud, husmea lo que quieras pero no molestes.
En los stands te encuentras, uno tras otro, los mismos libros, los mismos autores, esos que, semana tras semana, aparecen en las listas de ventas. También están los libros de auto ayuda, aquellos que ofrecen superficial filosofía de saldo (con Jorge Bucay o Paulo Coelho a la cabeza) y, como no, el clásico de turno para dar lustre (si el año pasado fue el Quijote, este año toca Pereda). Y se acabó. No busques autores minoritarios, otras tendencias literarias, olvídate de la poesía.
Resulta incongruente que algo anunciado como "Feria" sea tan aburrido y previsible como la que tenemos en Imsertander año tras año. Esto me lleva a plantearme dos reflexiones: por un lado, en nuestra ciudad no interesa nada que no sea de consumo masivo y fugaz. Por otro, Imsertander malcopia ideas que funcionan en otras ciudades, las fagotiza y las devuelve asépticas y aburridas. Así nos encontramos con Semanas Grandes tediosas y sin gracia, Ferias de Toros previsibles y de cuarta categoría... En definitiva, las actividades que se suceden en la ciudad no son más que tímidos y vergonzantes intentos de que Imsertander parezca lo que no es (algo, por otra parte, muy típico en las sociedad imsertanderina)
Otro año mas (y van...) he asistido a la Feria del Libro de Imsertander. Después de tanto tiempo he aprendido a resignarme a no encontrar nada interesante, a que todos los puesto sean clónicos, a que los dependientes te traten con esa displicencia tan típica de nuestra ciudad (esa que hace que cuando vas a otro lugar y te atienden en cualquier tienda te hace sentir extraño) cuando no te ignoran directamente, metiendo sus narices en el libro que estén leyendo o en el Marca. No preguntes, parece la consigna, mensaje implícito en su actitud, husmea lo que quieras pero no molestes.
En los stands te encuentras, uno tras otro, los mismos libros, los mismos autores, esos que, semana tras semana, aparecen en las listas de ventas. También están los libros de auto ayuda, aquellos que ofrecen superficial filosofía de saldo (con Jorge Bucay o Paulo Coelho a la cabeza) y, como no, el clásico de turno para dar lustre (si el año pasado fue el Quijote, este año toca Pereda). Y se acabó. No busques autores minoritarios, otras tendencias literarias, olvídate de la poesía.
Resulta incongruente que algo anunciado como "Feria" sea tan aburrido y previsible como la que tenemos en Imsertander año tras año. Esto me lleva a plantearme dos reflexiones: por un lado, en nuestra ciudad no interesa nada que no sea de consumo masivo y fugaz. Por otro, Imsertander malcopia ideas que funcionan en otras ciudades, las fagotiza y las devuelve asépticas y aburridas. Así nos encontramos con Semanas Grandes tediosas y sin gracia, Ferias de Toros previsibles y de cuarta categoría... En definitiva, las actividades que se suceden en la ciudad no son más que tímidos y vergonzantes intentos de que Imsertander parezca lo que no es (algo, por otra parte, muy típico en las sociedad imsertanderina)